lunes, 1 de octubre de 2012

Adiós: Prólogo: Un Diario.

Marzo 3

He decidido comenzar a escribir. Aún es imposible asimilar muchas cosas, la soledad es cómo una fiera que me acecha cada segundo, dispuesta a darme un final si se lo permito. Tal vez si escribo todo eventualmente pueda llegar a creer que ésto realmente está pasando, que no es un horrible desvarío, una pesadilla de la cuál no he podido despertar.

Aún escucho a mi al rededor los lamentos. He llegado a pensar que soy quien mejor asimila las cosas, tal vez por que no he tenido que enfrentar mi propia realidad y sólo he tenido una visión general de la situación. Poco a poco he logrado regresar y el miedo se apodera de mi con cada paso. Los escombros se acumulan más y más en esa dirección y lo más probable es que todo lo que alguna vez conocí y fuí haya desaparecido en medio del silencio.

Aún agradezco encontrar éste viejo cuaderno y con que escribir. Me temo que será mi único compañero, el único con quien puedo hablar. Tengo mucho miedo de seguir hablando con la oscuridad, de enloquecer y vagar en shock como muchos que he visto. Prácticamente son zombies que vagan por las calles negándose a aceptar lo que pasó.

Ahora se acerca el anochecer, y de nuevo debo buscar refugio. Las calles no son seguras, todo esto ha reducido a las personas a sus más bajos instintos. Son animales que acechan entre sombras esperando por su presa. Se rumora entre los que aún se atreven a hablar que han recurrido al canibalismo. No ha pasado ni una semana de todo esto y ya han decaído demasiado, no quiero imaginar hasta que punto llegarán con el paso del tiempo...

Finalmente encontré refugio, la luz es escasa y dudo que algún día se restablezca la electricidad, no escribiré más por hoy. Sólo quiero sobrevivir al amanecer...
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