miércoles, 4 de julio de 2012

1:11


Bueno, debo decir que hace mucho tiempo no escribía un cuento, y realmente este surgió en un extraño término medio. Irónicamente, aunque no fué tan fácil escribirlo, de algún modo la historia y las palabras fueron fluyendo y desarrollandose por si mismas hasta formar lo uqe está plasmado aquí. Debo decir, a demás, que este cuento lo escribí especificamente para el concurso "Proyecto 34" de FTP de AsoPluma, así que tal vez, en un futuro cercano, haya una pequña grabación de esta historia ;)

"En algún momento todos quisieramos asesinar la realidad, y vivir eternamente en ese sueño infinito de nuestros más profundos deseos." Valandil Wolffang.
 

1:11
“1:11” marcaba la hora cuándo Alicia miró el reloj. “Acaso el tiempo no pasa?” Se pregunto a sí misma al darse cuenta de que siempre miraba el reloj justo en ese instante, o tal vez era un dèjá vu que no tenía fin.
Igual, nada le parecía normal a Alicia recientemente, simplemente se sentía estancada en la realidad, con una extraña sensación de que algo le hacía falta. Aquella aparentaba ser una mañana como todas, sin ninguna novedad, aunque inevitablemente ella no podía deshacerse de aquella sensación extraña y abrumadora que la acechaba.
Aquella mañana simplemente se arregló y salió de su casa sin rumbo fijo. Necesitaba tiempo para meditar, para entender lo que pasaba y para poder encontrar una solución a todo, cada vez la voluntad de vivir se alejaba más de ella y el camino que la llevaba a aquel túnel incierto parecía ser la única salida.
Alicia iba deambulando sin sentido y sumida en sus pensamientos, caminaba sin saber a dónde la llevarían sus pies cuándo lo vio a él. No se encontraba muy lejos, aquel extraño sujeto le resultaba demasiado familiar, sin saber por qué sentía que debía abrazarlo, jamás dejarlo ir, pero no era posible, era solamente un desconocido al azar esperando a cruzar la calle. Alicia se acercó decidida, dejándose llevar por el impulso y trató de alcanzarlo, pero en el preciso momento en el que finalmente iba a tocar su hombro para llamar su atención, un detalle la detuvo, aquel reloj que se encontraba tan imponente a ella marcaba la hora: 1:11. Y luego un susurro la sobresaltó. “Despierta”.

Alicia abrió los ojos confundida, no entendía que había pasado, hace solo un momento había salido de su casa y ahora se encontraba en medio de algo similar a un bosque, extraño y solitario. Todo le resultaba cada vez más confuso, a veces se preguntaba si estaba enloqueciendo y con cada paso que daba se aseguraba más y más de que así era.
Siguió explorando a través de aquel lugar desconocido, tal vez todas aquellas burlas en su infancia se harían realidad y terminaría cayendo por un agujero tras un conejo blanco. Todo era tan ilógico que incluso el más imposible detalle podría ser real.
Unos pocos metros más adelante no encontró a su conejo blanco, pero nuevamente estaba el, aquel sujeto, distante y misterioso, Alicia aún tenía aquella sensación de conocerlo, de que en el encontraría más respuestas de las que necesitaba, y nuevamente intentó alcanzarlo. En un momento los dos estaban corriendo sin parar, él con apariencia de querer llegar a un lugar antes de que se agotara el tiempo, ella en su afán de alcanzarlo. Sentía que había corrido por horas, pasando por parajes extraños, hermosos y desolados.
Finalmente aquel misterioso sujeto se detuvo, aquel lugar en el que se encontraban era tan hermoso como solitario, tal vez solo el sonido de las aves los acompañaban. Por un momento Alicia sintió miedo, se encontraba sola e indefensa con alguien a quien no conocía, pero aún así se mantuvo firme en su decisión y se acercó.
-Tal vez es hora de que abandones este lugar – Dijo él mientras Alicia se acercaba. – ¿Dónde estamos? ¿Quién eres? – respondió Alicia con una voz temblorosa, acercándose cada vez más a dónde el estaba. – Es hora de partir. Han pasado ya 11 minutos desde la 1… No debes quedarte más tiempo en éste lugar. – Respondió el sin importarle las preguntas de Alicia. Ella solo se acercó más, algo dentro de ella la hacía necesitar estar cerca de él, no lo conocía pero tenía que abrazarlo. Cuándo finalmente se acercó a él, y antes de que pudiera hacer alguna otra pregunta, aquel sujeto al que tanto había seguido se acercó a ella y la besó.

Alicia volvió a abrir sus ojos, aún se encontraba dando aquel beso, pero ésta vez se encontraban en un lugar diferente. Era una calle que ella conocía bien, muy cerca de su casa. Al ver a los ojos a aquel sujeto sintió que lo conocía muy bien, conocía su nombre, su vida, su historia. No solo quería abrazarlo, seguirlo besando y y tomar su mano. Simplemente no quería apartarse de él. – ¿Estás bien? – Pregunto él con cara de preocupación. Ella solo acertó a decir su nombre – Tomás... Antes de que Alicia pudiera responderle la pregunta, un hombre extraño los abordó e intentó robarlos. En medio de un repentino forcejeo, aquel hombre sacó un arma y le apuntó a Tomás.
Se escuchó un disparo. El sujeto se alejaba huyendo mientras Alicia se desplomaba lentamente en los brazos de Tomás. Antes de ver que le hicieran daño a aquel hombre, ella se interpuso entre el atacante y él. Solo podía sonreír al verlo bien mientras sentía como la vida se le escapaba a través de la humedad que emanaba por la herida de su espalda.
De repente, solo quedaron sombras…

-“Despierta Alicia”. De nuevo aquel misterioso susurro. Cuándo Alicia abrió sus ojos se encontraba sentada en medio de un jardín de rosas. Aún no entendía si todo había sido solo un sueño, pero ya era muy difícil decidir que era real y que no. Al final del jardín pudo verlo. Era Tomás quien se acercaba lentamente hacia ella. Esperaba haberse despertado de un mal sueño. Tal vez el conejo blanco si jugó con ella después de todo.
-Es hora de marchar. – Fueron las palabras de él tan pronto llegó a su lado. Ella solo lo besó como si no lo hubiera visto en décadas. – Si, vámonos ya. – Respondió Alicia. Hubo un silencio que le pareció eterno. No comprendía que sucedía, lo miró fijamente y vio que las lágrimas estaban por brotar en sus ojos. - ¿Qué pasa? – Preguntó Alicia asustada. – Debes marchar, se acerca la hora y no debes estar aquí. - ¿Qué hora? ¿De qué hablas? ¡No quiero irme a ningún lugar! ¡No puedo apartarme de ti! – Después de eso solo el silencio los separó. Tomás dejó caer una lágrima por su mejilla y finalmente se acercó a ella y la abrazó. – Debes irte. – Le susurró al oído – Te amo demasiado como para retenerte junto a mí en este lugar. – Luego de esto, Tomás se besó suavemente a Alicia y se alejó de ella.
Alicia cada vez se sentía más confusa. No entendía por qué el hombre que amaba le pedía que se fuera ni por qué la abandonaba de esa forma. Repentinamente una extraña luz blanca la rodeó y alguna extraña fuerza comenzó a arrastrarla hacia ella. Alicia luchó por soltarse y regresar junto a Tomás pero era más fuerte que ella, trataba de resistirse en medio de la luz, tal vez si usaba toda su fuerza lograría regresar junto a él.

- Disculpe señor, la paciente está mostrando mejoría, parece que podría despertar pronto. – Le dijo una enfermera a aquel hombre golpeado y agotado que se encontraba en la sala de espera. Tomás entro directamente a ver a Alicia. El impacto de la bala había atravesado un área delicada del cerebro y solo un milagro podría ayudarla a despertar. Había demostrado una gran actividad cerebral los últimos días y finalmente el milagro por el que tanto había rezado parecía tornarse en una realidad.
A medida que se acercaba al cuarto en dónde se encontraba ella, Tomás sentía que algo iba mal, cuándo entró finalmente, en algún momento, en medio de todo su trayecto hasta el cuarto de aquella mujer sus esperanzas se habían destrozado, solo logró llegar a tiempo para escuchar aquellas duras palabras del médico de guardia – Enfermera, tome nota. Hora del deceso, 1:11 p.m.

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