Alejandro se despertó repentinamente aquella noche. Aún no daba mérito a su suerte, era el único huérfano de aquel lugar que podría tener una oportunidad así.
Aún así no se sentía del todo seguro, apenas añoraba con salir del orfanato, nunca hubiera siquiera soñado con salir de la ciudad, o del país. Faltaban pocas horas para salir en dirección al aeropuerto, pero, tal vez a causa de la ansiedad no podría dormir más. Del modo que fuera daría incluso su vida por deshacerse de ésas malditas monjas que lo privaban de todo, de la libertad, de la verdad de cómo apareció el en ése lugar cuándo era un bebé. Una historia que, bajo su percepción, estaba rodeada de misterios y respuestas vagas. Aún así, preferiría morir con la duda antes que aguantarse un día más en aquel lugar.
El momento llegó, la ansiedad era mayor, sería la última vez que vería a aquella mujer que se hacía llamar Superiora, aquella puta que con su hábito ocultaba las noches "en nombre de cristo" que pasó con la mitad del clero de la ciudad.
Todo iba bien, pero todo cambió con un destello. Sólo alcanzó a ponerse a salvo bajo una esquina entre los gruesos muros del moderno aeropuerto de su ciudad. Al cabo de unas horas, sólo era un niño indefenso de nuevo. Nunca supo cuánto tiempo estuvo inconciente.
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Aún así no se sentía del todo seguro, apenas añoraba con salir del orfanato, nunca hubiera siquiera soñado con salir de la ciudad, o del país. Faltaban pocas horas para salir en dirección al aeropuerto, pero, tal vez a causa de la ansiedad no podría dormir más. Del modo que fuera daría incluso su vida por deshacerse de ésas malditas monjas que lo privaban de todo, de la libertad, de la verdad de cómo apareció el en ése lugar cuándo era un bebé. Una historia que, bajo su percepción, estaba rodeada de misterios y respuestas vagas. Aún así, preferiría morir con la duda antes que aguantarse un día más en aquel lugar.
El momento llegó, la ansiedad era mayor, sería la última vez que vería a aquella mujer que se hacía llamar Superiora, aquella puta que con su hábito ocultaba las noches "en nombre de cristo" que pasó con la mitad del clero de la ciudad.
Todo iba bien, pero todo cambió con un destello. Sólo alcanzó a ponerse a salvo bajo una esquina entre los gruesos muros del moderno aeropuerto de su ciudad. Al cabo de unas horas, sólo era un niño indefenso de nuevo. Nunca supo cuánto tiempo estuvo inconciente.
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